lunes, 2 de noviembre de 2020

 LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN

El siglo XXI, que ofrecerá recursos sin precedentes tanto a la circulación y al almacenamiento

de informaciones como a la comunicación, planteará a la educación una doble exigencia que, a

primera vista, puede parecer casi contradictoria: la educación deberá transmitir, masiva y

eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos,

adaptados a la civilización cognoscitiva, porque son las bases de las competencias del futuro.

Simultáneamente, deberá hallar y definir orientaciones que permitan no dejarse sumergir por la

corrientes de informaciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y

privados y conservar el rumbo en proyectos de desarrollo individuales y colectivos. En cierto

sentido, la educación se ve obligada a proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo

y en perpetua agitación y, al mismo tiempo, la brújula para poder navegar por él.

Con esas perspectivas se ha vuelto imposible, y hasta inadecuado, responder de

manera puramente cuantitativa a la insaciable demanda de educación, que entraña un bagaje

escolar cada vez más voluminoso. Es que ya no basta con que cada individuo acumule al

comienzo de su vida una reserva de conocimientos a la que podrá recurrir después sin limites.

Sobre todo, debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar durante toda la vida cada

oportunidad que se le presente de actualizar, profundizar y enriquecer ese primer saber y de

adaptarse a un mundo en permanente cambio.

Para cumplir el conjunto de las misiones que les son propias, la educación debe

estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales que en el transcurso de la vida

serán para cada persona, en cierto sentido, los pilares del conocimiento: aprender a conocer,

es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir

sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en

todas las actividades humanas; por ultimo, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge

elementos de los tres anteriores. Por supuesto, estas cuatro vías del saber convergen en una

sola, ya que hay entre ellas múltiples puntos de contacto, coincidencia e intercambio.

Mas, en general, la enseñanza escolar se orienta esencialmente, por no decir que de

manera exclusiva, hacia el aprender a conocer y, en menor medida, el aprender a hacer. Las

otras dos formas de aprendizajes dependen las más de las veces de circunstancias aleatorias,

cuando no se les considera una mera prolongación, de alguna manera natural, de las dos

primeras. Pues bien, la comisión estima que, en cualquier sistema de enseñanza estructurado,

cada uno de esos cuatro “pilares del conocimiento” debe recibir una atención equivalente a fin

de que la educación sea para el ser humano, en su calidad de persona y de miembro de la

sociedad, una experiencia global y que dure toda la vida en los planos cognoscitivos y practico.

Desde el comienzo de su actuación, los miembros de la Comisión fueron conscientes

de que, para hacer frente a los retos del siglo XXI, seria indispensable asignar nuevos objetivos

a la educación y, por consiguiente, modificar la idea que nos hacemos de su utilidad. Una nueva

concepción más amplia de la educación debería llevar a cada persona a descubrir, despertar e

incrementar sus posibilidades creativas, actualizando así el tesoro escondido en cada uno de

nosotros, lo cual supone trascender una visión puramente instrumental de la educación,

percibida como la vía obligada para obtener determinados resultados (experiencia práctica,

adquisición de capacidades diversas, fines de carácter económico), para considerar su función

en toda su plenitud, a saber, la realización de la persona que, toda ella, aprender a ser.

Aprender a conocer

Este tipo de aprendizaje, que tiende menos a la adquisición de conocimientos clasificados y

codificados que al dominio de los instrumentos mismos del saber, puede considerarse ala vez

medio y finalidad de la vida humana.

En cuanto a medio, consiste para cada persona en aprender a comprender el mundo

que la rodea, al menos suficientemente para vivir con dignidad, desarrollar sus capacidades

profesionales y comunicarse con los demás. Como fin, su justificación es el placer de

comprender, conocer, de descubrir.

Aunque el estudio sin aplicación inmediata este cediendo terreno frente al predomino

actual de los conocimientos útiles, la tendencia a prolongar la escolaridad e incrementar el

tiempo libre debería permitir a un numero cada vez mayor de adultos apreciar las bondades

del conocimiento y de la investigación individual. El incremento del saber, que permite

comprender mejor las múltiples facetas del propio entorno, favorece el despertar de la

curiosidad intelectual, estimula el sentido critico y permite descifrar la realidad, adquiriendo al

mismo tiempo una autonomía de juicio. Desde esa perspectiva, insistimos en ello, es

fundamental que cada niño , donde quiera que este, pueda acceder de manera adecuada al

razonamiento científico y convertirse para toda la vida en un “amigo de la ciencia” 1 en los

niveles de enseñanza secundaria y superior, la formación inicial de proporcionar a todos los

alumnos los instrumentos, conceptos y modos de referencia resultantes del progreso científico

y de los paradigmas del época.

Sin embargo, puesto que el conocimiento es múltiple e infinitamente evolutivo, resulta

cada vez más utópico pretender conocerlo todo; por ello más allá de la enseñanza básica, la

idea de un saber omnisciente es ilusoria. Al mismo tiempo, la especialización ¾incluso en el

caso de futuros investigadores¾ no debe excluir una cultura general. “En nuestros días una

mente verdaderamente formada necesita una amplia cultura general y tener la facilidad de

estudiar a fondo un pequeño numero de materias. De un extremo a otro de la enseñanza,

debemos favorecer la simultaneidad de ambas tendencias”2 pues la cultura general, apertura a

otros lenguajes y conocimientos, permite ante todo comunicar. Encerrado en su propia

ciencia, el especialista corre un riego de desinteresarse de lo que hacen los demás. En

cualesquiera circunstancias, le resultara difícil cooperar. Por otra parte, argamasa de las

sociedades en el tiempo y en el tiempo y en el espacio, la formación cultural entraña a una

apertura a otros campos del saber, lo que contribuye a fecundas sinergia entre disciplinas

diversas. En el ámbito de la investigación, en particular, el progreso de los conocimientos se

produce a veces en el punto en el que confluyen disciplinas diversas.

Aprender para conocer supone, en primer termino, aprender a aprender, ejercitando

la atención, la memoria y el pensamiento. Desde la infancia, sobre todo en las sociedades

dominadas por la imagen televisiva, el joven debe aprender a concentrar su atención alas cosas

y alas personas. La vertiginosa sucesión de informaciones en los medios de comunicación y el

frecuente cambio del canal de televisión, atenta contra el proceso de descubrimiento, que

requiere una permanencia y una profundización de la información captada. Este aprendizaje de

la atención puede adoptar formas diversas y sacar provecho de múltiples ocasiones de la vida

(juegos, visitas a empresas, viajes, trabajos prácticos, asignaturas científicas, etc.).

El ejercicio de la memoria, por otra parte, es un antídoto necesario contra la invasión

de las informaciones instantáneas que difunden los medios de comunicación masiva. Seria

1 Informe de la tercera reunión de comisión parís, 12-15 de enero de 1994

2 Véase Lurent Schwartz “ L’enseignement scientifique”, en Institut de France, Reflexions sur

L’enseignement, Paria, Flammarion, 1993.

peligroso imaginar que la memoria ha perdido su utilidad debido a la formidable capacidad de

almacenamiento y difusión de datos de que disponemos en la actualidad. Desde luego, hay que

ser selectivos, en la elección de los datos que aprenderemos “de memoria”, pero debe

cultivarse con esmero la facultad intrínsecamente humana de memorización asociativa,

irreductible a un automatismo. Todos los especialistas coinciden en afirmar la necesidad de

entrenar la memoria desde la infancia y estiman inadecuado suprimir de la práctica escolar

algunos ejercicios tradicionales considerados tediosos.

Por último, el ejercicio del pensamiento, en el que el niño es iniciado primero por sus

padres y más tarde por sus maestros, debe entrañar una articulación entre lo concreto y lo

abstracto. Asimismo, convendría combinar tanto en la enseñanza como en la investigación los

dos métodos, el deductivo y el inductivo, a menudo presentados como opuestos. Según las

disciplinas que se enseñen, uno resultará más pertinente que el otro, pero en la mayoría de los

casos la concatenación del pensamiento requiere combinar ambos.

El proceso de adquisición del conocimiento no concluye nunca y puede nutrirse de

todo tipo de experiencias. En ese sentido, se entrelaza de manera creciente con la experiencia

del trabajo, a medida que éste pierde su aspecto rutinario. Puede considerarse que la

enseñanza básica tiene éxito si aporta el impulso y las bases que permitirán seguir aprendiendo

durante toda la vida, no sólo en el empleo sino también al margen de él.

Aprender a hacer

Aprender a conocer y aprender a hacer son, en gran medida, indisociables. Pero lo segundo

esta más estrechamente vinculado a la cuestión de la forma profesional: ¿cómo enseñar al

alumno a poner en práctica sus conocimientos y, al mismo tiempo, como adaptar la enseñanza

al futuro mercado del trabajo, cuya evolución no es totalmente previsible? La comisión

procurara responder en particular a esta última interrogante.

Al respecto, corresponde establecer una diferencia entre las economías industriales, en

las que predomina el trabajo asalariado, y las demás, en las que subsiste todavía de manera

generalizada el trabajo independiente o ajeno al sector estructurado de la economía. En las

sociedades basadas en el salario que se han desarrollado a lo largo del siglo XX conforme al

modelo industrial, la sustitución del trabajo humano por maquinas convierte a aquel en algo

cada vez más inmaterial y acentúa el carácter conflictivo de las tareas, incluso la industria, así

como la importancia de los servicios en la actividad económica. Por lo demás, el futuro de esas

economías esta suspendido a su capacidad de transformar el progreso de los conocimientos e

innovaciones generadoras de nuevos empleos y empresas. Así pues, ya no puede darse a la

expresión “aprender a hacer” el significado simple que tenia cuando se trataba de preparar a

alguien para una tarea material bien definida, para que participase en la fabricación de algo. Los

aprendizajes deben, así pues, evolucionar y ya no pueden considerarse mera transmisión de

practicas mas o menos rutinarias, aunque estos conserven un valor formativo que no debemos

desestimar.

¾De la noción de calificación a la de competencia

El dominio de las dimensiones cognoscitiva e informativa en los sistemas de producción

industrial vuelve algo caduca la noción de calificación profesional, entre otros en el caso de los

operarios y los técnicos, y tienden a privilegiar la de competencia personal. En efecto, el

progreso técnico modifica de manera ineluctable las calificaciones que requieren los nuevos

procesos de producción. A las tareas puramente físicas suceden tareas de producción más

intelectuales, más cerebrales ¾como el mando de maquinas, su mantenimiento y

supervisión¾ y tareas de diseño, estudio y organización, a medida que las propias maquinas se

vuelven más “inteligentes” y que el trabajo se “desmaterializa”.

Este incremento general de los niveles de calificación exigidos tiene varios orígenes.

Con respecto a los operarios, la yuxtaposición de las tareas obligadas y del trabajo

fragmentado sede ante una organización “colectivos de trabajo” o “grupos de proyecto”,

siguiendo las practicas de las empresas japonesas: una especie de taylorismo al revés; los

desempleados dejan de ser intercambiables y las tareas se personalizan. Cada vez con mas

frecuencia, los empleadores ya no exigen una calificación determinada, que consideran

demasiado unida todavía a la idea de pericia material, y piden, en cambio, un conjunto de

competencias especificas a cada persona, que combina la calificación propiamente dicha,

adquirida mediante la formación técnica y profesional, el comportamiento social, la aptitud

para trabajar en equipo, la capacidad de iniciativa y la de asumir riesgos.

Si a estas nuevas exigencias añadimos la de un empeño personal del trabajador,

considerando como agente del cambio, resulta claro que ciertas cualidades muy subjetivas,

innatas o adquiridas ¾que los empresarios denominan a menudo “saber ser”¾ se combinan

con los conocimientos teóricos y prácticos para componer las competencias solicitadas; esta

situación ilustra de manera elocuente, como ha destacado la comisión, él vinculo que la

educación debe mantener entre los diversos aspectos del aprendizaje entre estas cualidades,

cobra cada vez mayor importancia la capacidad de comunicarse y de trabajar con los demás, de

afrontar y solucionar conflictos. El desarrollo de las actividades de servicios tiende a acentuar

esta tendencia.

¾La “desmaterialización” del trabajo y las actividades de servicios en el sector asalariado. Las

repercusiones de la “desmaterialización “de las economías avanzadas en el aprendizaje se

ponen en manifiesto inmediatamente al observar la evolución cuantitativa y cualitativa de los

servicios, categoría muy diversificada que se define sobre todo por exclusión, como aquella

que agrupa actividades que no son ni industriales ni agrícolas y que, a pesar de su diversidad,

tienen en común el hecho de no producir ningún bien material.

Muchos servicios se definen principalmente en función de la relación interpersonal que

generan. Podemos citar ejemplos tanto en el sector comercial (peritajes de todo tipo, servicios

de supervisión o de asesoramiento tecnológico, servicios financieros, contables o

administrativos) que proliferan nutriéndose de la creciente complejidad de las economías,

como la del sector no comercial más tradicional (servicios sociales, de enseñanza, de sanidad,

etc.). En ambos casos, es primordial la actividad de información y de comunicación; se pone al

acento en el acopio y la elaboración personalizada de informaciones especificas, destinadas a

un proyecto preciso. En ese tipo de servicios, la calidad de la relación entre el prestatario y el

usuario dependen también en gran medida del segundo. Resulta entonces comprensible que la

tarea de la que se trate ya no pueda prepararse de la misma manera que si se fuera a trabajar

la tierra o a fabricar una chapa metálica. La relación con la materia y la técnica debe ser

complementada por una aptitud para las relaciones interpersonales. El desarrollo de los

servicios obliga, pues, a cultivar cualidades humanas que las formaciones tradicionales no

siempre inculcan y que corresponden a la capacidad de establecer relaciones estables y eficaces

entre las personas.

Por último, es concebible que en las sociedades ultratecnificadas del futuro la

deficiente interacción entre los individuos puede provocar graves disfunciones, cuyas

superación exijan nuevas calificaciones, basadas mas en el comportamiento que en el bagaje

intelectual, lo que quizá ofrezca posibilidades a las personas con pocos o sin estudios escolares,

pues la institución, el discernimiento, la capacidad de prever el futuro y de crear un espíritu de

equipo no son cualidades reservadas forzosamente a los mas diplomados. ¿Cómo y donde

enseñar estas cualidades, innatas? No es tan fácil deducir cuales deben ser los contenidos de

una formación que permita adquirir las capacidades o aptitudes necesarias. El problema se

plantea también a propósito de la formación profesional en los piases en desarrollo.

¾El trabajo en la economía no estructurada

En las economías en desarrollo donde la actividad asalariada no predomina, el trabajo es de

naturaleza muy distinta. Hay mucho países de África subsaarihana y algunos de América latina y

Asia solo un pequeño segmento de la población trabaja el régimen asalariado y la inmensa

mayoría participa en la economía tradicional de subsistencia. Hablando con propiedad, no

existen ninguna función referencial laboral; los conocimientos técnicos suelen ser de tipo

tradicional. Además, la función del aprendizaje no se limita al trabajo, si no que debe satisfacer

el objetivo más amplio de una participación y de desarrollo dentro de los sectores

estructurado o no estructurado de la economía. A menudo, se trata de adquirir a la vez una

calificación social y una formación profesional.

En otros países en desarrollo hay, además de la agricultura y de un reducido sector

estructurado, un sector económico al mismo tiempo moderno y no estructurado, a veces

bastante dinámico, formado por actividades artesanales, comerciales y financieras, que indican

que existen posibilidades empresariales perfectamente adaptadas a las condiciones locales.

En ambos casos, de los numerosos estudios realizados en países en desarrollo se

desprende que estos consideran que su futuro estará estrechamente vinculado a la adquisición

de la cultura científica que les permitirá acceder a la tecnología moderna, sin descuidar por ello

las capacidades concretas de innovación y creación inherentes al contexto local.

Se plantea entonces una pregunta común a los países, desarrollados y en desarrollo:

¿Cómo aprender a comportarse eficazmente en una situación de incertidumbre, como

participar en la creación del futuro?

Aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás

Sin duda, este aprendizaje constituye una de las principales empresas de la educación

contemporánea. Demasiado a menudo, la violencia que impera en el mundo contradice la

esperanza que algunos habían depositado en el progreso de la humanidad. La historia humana

siempre ha sido conflictiva, pero hay elementos nuevos que acentúan el riesgo, en particular el

extraordinario potencial de autodestrucción que la humanidad misma ha creado durante el

siglo XX. A través de los medios de comunicación masiva, la opinión pública se convierte en

observadora impotente, y hasta en rehén, de quienes generan o mantienen vivos los conflictos.

Hasta el momento, la educación no ha podido hacer mucho para modificar esta situación.

¿Seria posible concebir una educación que permitiera evitar los conflictos o solucionarlos de

manera pacifica, fomentando el conocimiento de los demás, de sus culturas y espiritualidad?

La idea de enseñar la no-violencia en la escuela es loable, aunque solo sea un

instrumento entre varios para combatir los prejuicios que llevan al enfrentamiento. Es una

tarea ardua, ya que, como es natural, los seres humanos tienden a valorar en exceso sus

cualidades y las del grupo al que pertenecen y a alimentar prejuicios desfavorables hacia los

demás. La actual atmósfera competitiva impérate en la actividad económica de cada nación y,

sobre todo a nivel internacional, tiende además a privilegiar el espíritu de competencia y el

éxito individual. De hacho, esa competencia da lugar a una guerra económica despiadada y

provoca tensiones entre los poseedores y los desposeídos que fracturan las naciones y el

mundo y exacerban las rivalidades históricas. Es de lamentar que, a veces, a la educación

contribuya a mantener ese clima al interpretar de manera errónea la idea de emulación.

¿Cómo mejorar esta situación? La experiencia demuestra que, para disminuir ese

riesgo, no basta con organizar el contacto y la comunicación entre miembros de grupos

diferentes (por ejemplo, en escuelas a las que concurran niños de varias etnias o religiones).

Por el contrario, si esos grupos compiten unos con otros o no están en una situación

equitativa en el espacio común, este tipo de contacto puede agravar las tensiones latentes y

degenerar en conflictos. En cambio, si la relación se establece en un contexto de igualdad y se

formulan objetivos y proyectos comunes, los prejuicios y la hostilidad subyacente pueden dar

lugar a una cooperación más serena e, incluso, a la amistad.

Parecería entonces adecuado dar a la educación dos orientaciones complementarias.

En el primer nivel, el descubrimiento gradual del otro. En el segundo, y durante toda la vida, la

participación en proyectos comunes, un método quizá eficaz para evitar o resolver los

conflictos latentes.

¾El descubrimiento del otro

La educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a

una toma de coincidencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres

humanos. Desde la primera infancia, la escuela debe, pues, aprovechar todas las oportunidades

que se presenten para esa doble enseñanza. Algunas disciplinas se prestan particularmente a

hacerlo, como la geografía humana desde la enseñanza primaria y, más tarde, los idiomas

extranjeros.

El descubrimiento del otro pasa forzosamente por el descubrimiento de uno mismo;

por consiguiente, para desarrollar en el niño y el adolescente una visión cabal del mundo la

educación, tanto si la imparte la familia como si la imparte la comunidad o la escuela, primero

debe hacerle descubrir quien es. Solo entonces podrá realmente ponerse en el lugar de los

demás y comprender sus reacciones. El fomento de esta actitud de empatía en la escuela era

fecundo para los comportamientos sociales a lo largo de la vida. Así, por ejemplo si se enseña

a los jóvenes adoptar el punto de vista de otros grupos étnicos o religiosos, se pueden editar

incomprensiones generadoras del odio y violencia en los adultos. Así pues, la enseñanza de la

historia de las religiones o de los usos y costumbre puede servir de útil referencia para futuros

comportamientos 3 por ultimo, la forma misma de la enseñanza no debe oponerse a este

reconocimiento del otro. Los profesores que, a fuerza de dogmatismo, destruyen la curiosidad

o el espíritu crítico en lugar de despertarlos en sus alumnos, pueden ser más perjudiciales que

benéficos. Al olvidar que son modelos para los jóvenes, su actitud puede atentar de manera

permanente contra la capacidad de sus alumnos de aceptar la alteridad y hacer frente a las

inevitables tensiones entres seres humanos, grupos y naciones. El enfrentamiento, mediante el

dialogo y el intercambio de argumentos, será unos de los instrumento necesarios de la

educación del siglo XXI.

¾Tender hacia objetivos comunes

Cuando se trabaja mancomunadamente en proyectos motivadores que permiten escapar a la

rutina, disminuyen y a veces hasta desaparecen las diferencias ¾e incluso los conflictos¾

entre los individuos. Esos proyectos que permiten superar los hábitos individuales y valoran los

puntos de convergencia por encima de los aspectos que se paran, dan origen a un nuevo modo

de identificación. Por ejemplo, gracias a la practica del deporte, ¡cuantas tensiones entre clases

sociales o nacionalidades han acabado por transformarse en solidaridad, a través de la pugna y

la felicidad del esfuerzo común¡. Así mismo, en el trabajo, ¡cuantas realizaciones podrían no

haberse concretado si los conflictos habituales de las organizaciones jerarquizadas no hubieran

sido superados por un proyecto de todos¡. En consecuencia, en sus programas la educación

escolar debe reservar tiempo y ocasiones suficientes para iniciar desde muy temprano a los

jóvenes en proyectos cooperativos, en el marco de actividades deportivas y culturales y

mediante su participación en actividades sociales: renovación de barrios, ayuda a los mas

desfavorecidos, acción humanitaria servicio de solidaridad entre las generaciones, etcétera. Las

3 Carnegie corporation of New York, Education for conclit resolution.Extracto del annual report 1994,

por David A. Hamburg, presidente de la Carnegie Corporation de New York

demás organizaciones educativas y las asociaciones deben tomar el relevo de la escuela en

estas actividades. Además, en la practica escolar cotidiana, la participación de lo profesores y

alumnos en proyectos comunes pueden engendrar el aprendizaje de un método de solución de

conflictos y ser una referencia para la vida futura de los jóvenes, enriqueciendo al mismo

tiempo la relación entre educadores y educandos.

Aprender a ser

Desde su primera reunión, la comisión ha reafirmado enérgicamente un principio fundamental:

la educación debe contribuir al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia,

sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual, espiritualidad. Todos los seres

humanos deben estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida en su

juventud, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar un juicio propio,

para determinar por sí mismos qué deben hacer en las diferentes circunstancias de la vida.

El informe aprende a hacer (1972) manifestaba en su preámbulo el temor a una

deshumanización del mundo vinculada a la evolución tecnológica.4. La evolución general de las

sociedades desde entonces y, entre otras cosas, el formidable poder adquirido por los medios

de comunicación masiva, ha agudizado ese temor y dado más legitimidad a la advertencia que

suscitó. Posiblemente, en el siglo XXI amplificará estos fenómenos, pero el problema ya no

será tanto preparar a los niños para vivir en una sociedad determinada sino, m{as bien, dotar a

cada cual de fuerzas y puntos de referencia intelectuales permanentes que le permitan

comprender el mundo que le rodea y comportarse como un elemento responsable y justo.

Más que nunca, la función esencial de la educación es conferir a todos los seres humanos la

libertad de pensamiento, de juicio, de sentimientos y de imaginación que necesitan para que

sus talentos alcancen la plenitud y seguir siendo artífices, en la medida de lo posible, de su

destino.

Este imperativo no es solo de naturaleza individualista: la experiencia reciente

demuestra que lo que pudiera parecer únicamente un modo de defensa del ser humano frente

a un sistema alienante o percibido como hostil es también, a veces, la mejor oportunidad de

progreso para las sociedades. La diversidad de personalidades, la autonomía y el espíritu de

iniciativa, incluso el gusto por la provocación son garantes de la creatividad y la innovación.

Para disminuir la violencia o luchar contra los distintos flagelos que afectan a la sociedad,

métodos inéditos derivados de experiencias sobre el terreno, han dado prueba de su eficacia.

En un mundo en permanente cambio uno de cuyos motores principales parece ser la

innovación tanto social como económica, hay que conceder un lugar especial a la imaginación y

a la creatividad; manifestaciones por excelencia de la libertad humana, pueden verse

amenazadas por cierta normalización de la conducta individual. El siglo XXI necesitará muy

diversos talentos y personalidades, además de individuos excepcionales, también esenciales en

toda civilización. Por ello, habrá que ofrecer a niños y jóvenes todas las oportunidades posibles

de descubrimiento y experimentación ¾estética, artística, deportiva, científica, cultural y

social¾ que completaran la presentación atractiva de lo que en esos ámbitos hayan creado las

generaciones anteriores o sus contemporáneos. En la escuela, el arte y la poesía deberían

recuperar un lugar más importante que el que les concede, en muchos países, una enseñanza

interesada en lo utilitario más que en lo cultural. El afán de fomentar la imaginación y la

4 “... el riesgo de alimentación de su personalidad, implícito en las formas obsesivas de la propaganda y

de la publicidad, en el conformismo de los comportamientos que pueden ser impuestos desde el

exterior, en detrimento de las necesidades autenticas y de la identidad intelectual y afectiva de cada cual.

“riesgo de expulsión, por las maquinas, del mundo laboral donde tenia al menos la impresión de

moverse libremente y determinarse a su arbitrio”. Aprender a ser, informe de la Comisión Internacional

para el desarrollo de la Educación, UNESCO- Alianza Editorial, Madrid, 1987,pág. 31

creatividad debería también llevar a revalorar la cultura oral y los conocimientos extraídos de

la experiencia del niño o del adulto.

Así pues, la Comisión hace plenamente suyo el postulado del informe aprender a ser

“... El desarrollo tiene por objeto el despliegue completo del hombre en toda su riqueza y en la

complejidad de sus expresiones y de sus compromisos; individuo, miembro de una familia y de

su colectividad, ciudadano y productor, inventor de técnicas y creador de sueños”. Este

desarrollo del ser humano, que va del nacimiento al fin de la vida, es un proceso dialéctico que

comienza por el conocimiento de sí mismo y se abre después a las relaciones con los demás.

En este sentido, la educación es ante todo un viaje interior cuyas etapas corresponden a las de

la maduración, constante de la personalidad. En el caso de una experiencia profesional positiva,

la educación, como medio para alcanzar esa realización, es, pues, a la vez un proceso

extremadamente individualizado y una estructuración social interactiva.

Huelga decir que los cuatro pilares de la educación que acabamos de describir no

pueden limitarse a una etapa de la vida o a un solo lugar. Como veremos en el capitulo

siguiente, es necesario replantear los tiempos y los ámbitos de la educación, y que se

complementen e imbriquen entre si, a fin de que cada persona, durante toda su vida, pueda

aprovechar al máximo un contexto educativo e constante enriquecimiento.

Pistas y recomendaciones

• La educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender

a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser.

• Aprender a conocer, combinando una cultura general suficientemente amplia con la

posibilidad de profundizar los conocimientos en un pequeño número de materias. Lo que

supone además: aprender a aprender para poder aprovechar las posibilidades que ofrece la

educación a lo largo de la vida.

• Aprender a hacer a fin de adquirir no sólo una calificación profesional, más generalmente

una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones

y a trabajar en equipo. Pero, también, aprender a hacer en el marco de las distintas

experiencias sociales o de trabajo que se ofrecen a los jóvenes y adolescentes bien

espontáneamente a causa del contexto social o nacional, bien formalmente gracias al

desarrollo de la enseñanza por alternancia.

• Aprender a vivir juntos desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las

formas de interdependencia ¾realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los

conflictos¾ respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz.

• Aprender hacer para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de

obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Con

tal fin, no menos preciar en la educación ninguna de las posibilidades de cada individuo:

memoria, razonamiento, sentido estético, capacidades físicas, aptitudes para comunicar...

• Mientras los sistemas educativos formales propenden a dar prioridad a la adquisición de

conocimientos, en detrimento de otras formas de aprendizaje, importa concebir la

educación como un todo. En esa concepción deben buscar inspiración y orientación las

reformas educativas, en la elaboración de los programas y en la definición de nuevas

políticas pedagógicas.

jueves, 9 de febrero de 2012

EL JARRON AZUL

                                                        EL JARRÓN AZUL
                                                                   Peter B. Kyne

 Hace 50 años Meter B. Kyne escribió la obra de un luchador
que no se da por vencido, una historia que enseña cómo llegar a ser
uno. Este libro ha servido de inspiración para millones de personas. Se
trata de un hombre de inquebrantable determinación para llevar a cabo
con éxito una tarea, no importando cuán grandes sean las dificultades,
un hombre que nunca deja las cosas a medio hacer, que nunca se da
por vencido y a quien nadie puede disuadirlo de su objetivo.
 “Lo haré” son las palabras que se convierten en su lema de
guía, en un reto constante para vivir conforme a altos principios, en un
fuente inagotable de renovado valor.

 El señor Alden P. Ricks, mejor conocido como  Cappy Ricks,
fue el fundador y el espíritu dirigente de una importante empresa
maderera y de vapores. En teoría ya se había retirado de la dirección
activa del negocio, pero en realidad continuaba siendo su principal
guía y consejero, rehusándose –como el  mismo expresó- a
abandonar su actividad mental no obstante haber suspendido su
actividad física.
 Los ayudantes y administrativos activos de Cappy eran: el
señor Skinner, encargado del negocio de maderas y Matt Peasley, que
dirigía el de vapores. Ambos eran hombres competentes en quienes
Cappy tenía plena confianza, aunque a veces le entraban dudas de su
buen criterio, especialmente en lo referente a la habilidad de esos
señores para juzgar la capacidad de otros.
 El problema que estos tres personajes confrontaban, según
principia la historia, era la situación que existía en su oficina de
Shangai. El empleado que habían enviado a hacerse cargo de ella
estaba dando mal resultado, aunque esto no sorprendía a Cappy,
porque en su opinión carecía de ciertas cualidades que él consideraba
esenciales.

- Skinner, ¿tienes un candidato para el puesto? Preguntó
Cappy.

- Siento decirte que no, señor Ricks, todos los empleados que
tengo bajo mis ordenes son jóvenes….. demasiado jóvenes para
asumir esa responsabilidad.

- ¿Qué quieres decir con “demasiado jóvenes”? replicó Cappy.

- Bueno el único a quien yo consideraría competente para
ocupar el cargo sería Andrews, y el apenas tiene unos treinta años.

- Treinta años, ¿eh?, pues si no mal recuerdo yo te empecé a
pagar por un sueldo de diez mil dólares al año y a confiarte la
responsabilidad de dos millones cuando apenas tenías veintiocho.

- Es cierto, pero Andrews….. bueno, no hemos puesto a prueba
todavía su capacidad.

- ¡Skinner! Interrumpió Cappy con voz resonante. No alcanzo a
comprender por qué todavía no te he mandado al diablo. ¿Dices que
todavía no hemos puesto a prueba la capacidad de Andrews? ¿Por
qué tenemos aquí gente que no sabemos lo que puede hacer?.....
¡Contéstame! El mundo de hoy es el mundo de la juventud, y métete
eso en la cabeza, y dirigiéndose al otro administrador continuó:

- Matt,¿Qué te parece Andrews para el puesto de Shangai?

- Lo creo capaz.

- ¿Por qué?

- Porque lleva bastante tiempo con nosotros para haber
adquirido la experiencia necesaria.

- ¿Crees, Matt, que también tenga el valor necesario para
asumir la responsabilidad?..... Eso es más importante todavía que la
experiencia que Skinner y tú consideran como la más esencial.

- De eso nada puedo decirle a usted, pero me parece que tiene
energía e iniciativa, y personalmente es agradable.

- Bueno antes de mandarlo tenernos que convencernos de que
tiene energía e iniciativa….. que tendrá esas cualidades cuando deba
tomar una decisión inmediata, seis mil millas distante de sus jefes a
quienes pudiera consultar y proceder acertadamente de acuerdo con
su criterio. Eso es lo más importante Skinner.

- Tiene usted razón señor Ricks, y creo que es usted quien
debe hacer la prueba.

- Convencido, Skinner. El próximo representante que
mandemos a Shangai tendrá que ser un luchador que no se de por
vencido. Y hemos mandado a tres que resultaron un fracaso y de
esos no queremos más.

Sin decir otra palabra, Cappy se echó de espaldas en su sillón
giratorio y cerró los ojos.

- Parece que va a fraguar la prueba para Andrews, dijo Matt
Peasley en voz baja a Skinner al salir de la oficina del Sr. Ricks.

El destino no permitió dejar en paz al señor Ricks en sus
reflexiones por mucho tiempo. A los diez minutos el teléfono sonaba,
y con no poco enfado, como si alguien le hubiera interrumpido un
tranquilo sueño, tomó el receptor y gritó “¿quién eres?”.

- Señor Ricks –respondió la telefonista de las oficinas
generales- está aquí un joven que se llama William Peck y desea
verlo a usted personalmente.

Cappy suspiró para reflexionar.

- Bien, dígale que pase.

Un empleado condujo al visitante ante el precedente de la
importante empresa maderera y de vapores. Al hallarse en su
presencia, saludó respetuosamente y dijo:

- Señor Ricks, mi nombre es William Peck, le agradezco a
usted mucho la fineza de concederme una entrevista.

Mirándolo con semblante severo Cappy le dijo que tomara
asiento, señalándole una silla frente al escritorio. Al acercarse Peck a
la silla, Cappy notó que cojeaba un poco y que el brazo izquierdo lo
tenía amputado hasta el codo.

- Bien señor Peck, ¿qué desea usted?

- He venido a que me de usted trabajo –respondió Peck-.

- Habla usted como si tuviera la seguridad de que va a
conseguirlo.

- Ciertamente, señor Ricks, yo se que usted no me lo negará.

- ¿Por qué?

Peck, sonriendo en una forma que le simpatizó al señor Ricks,
contestó:

- “Yo soy agente vendedor y se que puedo vender cualquier
cosa que tenga algún valor, porque lo he demostrado durante 5 años
y quiero demostrárselo a usted”.

- Señor Peck….. Dijo Cappy sonriendo, de eso no tengo la
menos duda, pero dígame, ¿acaso sus defectos físicos son algún
impedimento?

- No señor Ricks, de ningún modo….. lo que me queda del
cuerpo está sano, sobre todo mi cabeza y me queda el brazo
derecho. Puedo pensar y puedo escribir y, aunque cojeo puedo ir tras
un pedido más aprisa y más lejos que la mayoría de los que tienen
dos piernas, ¿estoy contratado señor Ricks?

- No señor Peck, lo siento, usted sabrá que yo no tomo parte
activa en la administración en este negocio desde hace 10 años.
Aquí simplemente tengo mi oficina para despachar mi
correspondencia particular y atender asuntos personales. A quien
debe usted ver es al señor Skinner.

- Ya vi al señor Skinner, replicó prontamente Peck, pero por el
moso en que habló parece que no le simpaticé. Me dijo que
actualmente no había suficiente negocio ni para mantener ocupado al
personal que tiene. Yo le manifesté que estaba dispuesto a aceptar
cualquier ocupación, de taquígrafo para arriba. Puedo escribir a
máquina bastante rápido con una mano, puedo llevar contabilidad y
hacer cualquier trabajo de oficina.

- ¿No le dio ninguna esperanza?

- No señor.

- Entonces -le dijo Cappy en tono confidencial-, vaya a ver a mi
yerno, el capitán Peasley, que dirige los transportes marítimos de
esta empresa.

- Ya hablé con el capitán Peasley, quien me trató con mucha
amabilidad, me dijo que con todo gusto me daría un puesto, pero que
los negocios estaban tan malos, que por ahora era imposible.

- Bueno amiguito, entonces ¿para qué viene a verme a mi?

Sonriendo nuevamente, Peck respondió: Porque quiero trabajar
aquí en esta compañía, no importa de qué, con tal que sea algo que
yo pueda hacer. Si me dan trabajo que pueda hacer, será hecho
mejor que nunca, y si no puedo hacerlos renunciaré voluntariamente,
para evitarle a usted la molestia de despedirme. Tengo referencias
comerciales de primera clase.

Cappy oprimió un botón en su escritorio, un momento después
entró el señor Skinner, lanzando una mirada hostil a William Peck y
luego otra interrogativa al señor Ricks:

- Oye Skinner –dijo Cappy en voz baja- he estado meditando el
asunto de enviar a Andrews a la oficina de Shangai y he llegado a la
conclusión de que nos tenemos que arriesgar. Esa oficina está ahora
a cargo de un empleado menor y es preciso nombrar cuanto antes un
gerente, así que haremos esto, vamos a mandar a Andrews en el
próximo vapor, haciéndole entender que asumirá el cargo
temporalmente, si vemos que no da resultado, le ordenaremos que
se devuelva para ocupar su puesto actual en el cual es bastente
apto. Entre tanto Skinner, te agradecería mucho que le dieras empleo
a este joven….. dale una oportunidad de demostrar lo que puede
hacer….. Hazle ese favor Skinner….. Hazme ese favor…..

El señor Skinner bien sabía que un ruego de Cappy equivalía a
una orden, y Peck, comprendiéndolo miró al administrador general
con una sonrisa:

- Muy bien señor Ricks, dijo Skinner con cierto despecho: ¿Ha
convenido con el señor Peck el sueldo que ganará?

- Ese detalle te toca a ti –contestó Cappy-. No es mi intención     
inmiscuirme en tus asuntos administrativos. Naturalmente le habrás
de pagar al señor Peck lo que valga y nada más.

Volviéndose hacia el triunfante Peck, lo amonestó diciéndole:
“Oiga amiguito, no crea que porque he intercedido por usted ya tiene
su porvenir asegurado. Su porvenir usted mismo tendrá que labrarlo
y tiene que comenzar muy pronto. La primera vez que meta la pata o
no dé la talla en el trabajo que se le confíe, lo amonestarán, la
segunda vez lo suspenderán por un mes y la tercera vez quedará
definitivamente fuera de esta organización, ¿me he explicado
claramente?

- Sí señor –contestó Peck sin vacilar-, “todo lo que yo pido es
una plaza en la línea de combate, y le aseguro que pronto me haré
acreedor a la confianza del señor Skinner”. Dirigiéndose a Skinner:
“Muchas gracias señor Skinner, por haber consentido en darme una
oportunidad, haré cuando esté de mi parte para merecer su
confianza”.

- “Este diablo” –se dirigió así mismo Cappy- “Este tiene tacto y
también tiene sesos, no me explico cómo Skinner no puede darse
cuenta de ello. Si este pobre chico se sale un poco de la raya o se
brota en la cabeza alguna idea nueva que quiera poner en práctica,
es casi seguro que firmará su sentencia de muerte con esta gente de
cerebro fosilizado que hay en este mundo. El no podrá defenderse,
pero por fortuna, todavía estoy aquí”.

El joven Peck, poniéndose de pie preguntó:
- ¿Cuándo puedo empezar?

Skinner le contestó con cierta ironía: “Cuando este listo”.

Peck miró rápidamente su reloj….. “Son las doce, añadió, voy a
almorzar y estaré aquí a la una”.

Skinner se retiró mordiéndose los labios. Al cerrarse la puerta
tras de él, Peck levantó las cejas, y despidiéndose del señor Ricks le
dijo: “Muchas gracias, señor Ricks, ha sido usted un extremo amable,
pero parece que no voy a empezar bajo muy buenos auspicios”, y
tomando su sombrero se marchó.

Apenas había salido cuando Skinner entró de nuevo, más
antes de poder abrir la boca, Cappy le impuso silencio levantando un
dedo y en voz cordial le dijo:

- “Ni una palabra, Skinner, ya se lo que me vas a decir y admito
que tienes razón, Pero óyeme hijo….. ¿cómo era posible rechazar a
un joven que tanto empeño tiene en trabajar y que no acepte un NO
como final? A pesar de que no encontró aquí más obstáculos para
lograr su propósito no se dio por vencido ni se desanimó. Tú luchaste
contra él, pero él ganó, y vaya que tuvo que vérselas con un experto.
¿Qué trabajo le vas a dar?”

- El de Andrews naturalmente.

- Ah si, había olvidado. Dime Skinner, ¿no tenemos disponible
como medio millón de pies de abeto fétido?

Skinner asintió, y Cappy, continuando con la avidez de quien
acaba de hacer un descubrimiento que cree que causará una
verdadera revolución en el mundo científico le dijo: “Bueno, mándalo
con esa madera apestosa y un par de furgones de pinabete rojo o
cualquiera de las maderas que casi nadie quiere ni regaladas”.

Skinner sonrió maliciosamente y dijo:
- “Convenido, pero si no vende le quitamos su pasaporte”.

En el estado de Arizona, Peck consiguió varios pedidos de
madera de refuerzo para pozos de minas, pero sólo hasta que llegó
al centro de Texas empezó realmente a demostrar su extraordinaria
habilidad para vender. Allí se especializó en la venta de madera para
torres de taladrar pozos petroleros, y fue tal el bombardeo de pedidos
que mandó a las oficinas generales, que Skinner tuvo que
telegrafiarle pidiéndole que se calmara un poco en la venta de esa
madera por estársele agotando las existencias, y que se dedicara a
vender maderas de otras clases.
Completando su itinerario, emprendió el viaje de regreso vía
Los Ángeles, pero de regreso se detuvo en Valle de San Joaquín y
vendió dos furgones más de abeto fétido. Al recibir Skinner el
telegrama, fue a mostrárselo al presidente:

- “No cabe duda de que Peck puede vender madera” le dijo al
señor Ricks de mala gana. “Ha conseguido 5 nuevos clientes y acaba
de mandar otro pedido de otros dos furgones de abeto fétido. Creo
que tendré que aumentarle el sueldo el primero del año”.

- Óyeme Skinner, ¿por qué diablos quieres esperar hasta el
primero del año? Ese pernicioso hábito que tienes de dejar para más
tarde lo que debes hacer hoy, especialmente cuando se trata de
soltar dinero, nos ha costado la pérdida de los servicios de más de
un empleado. Sabiendo que Peck merece un aumento de sueldo,
¿por qué no se lo das ahora y con gusto? Peck tendrá buena
voluntad, trabajará más todavía y por lo menos te considerará como
ser humano”.

- Muy bien, señor Ricks, voy a asignarle el mismo sueldo que
Andrews tenía antes que Peck tomara su puesto.

- Skinner, tu realmente me obligas a recordarte quien manda
en esta empresa, Peck vale más que Andrews, ¿verdad?

- Así parece…..

- Entonces, por amor a la justicia, págale más y haz efectivo
ese aumento desde el día en que empezó a trabajar. ¡Vete de aquí
que me pones nervioso!..... un momento….. ¿Cómo le va a Andrews
em su nuevo trabajo en Shangai?
- Dándole a ganar a la compañía cablegráfica, contestó Skinner
con sarcasmo. Cablegrafía como tres veces por semana sobre
asuntos que él mismo podría resolver, Matt Peasley está disgustado
con él.

- Eso no me sorprende….. supongo que Matt vendrá a decirme
dentro de un poco que yo fui quien escogió a Adrews para el puesto,
pero no olvides Skinner, que le advertí que el puesto era temporal.

- Sí señor Ricks.

- Bueno, creo que tendré que buscar a un sucesor e impedir
que Matt venga a echarme la culpa en cara. Creo que Peck tiene
varias  características de un buen administrador para la oficina de
Shangai, pero tendré que probarlo un poco más.

Mirando a Skinner con una sonrisa picaresca:

- “Oye Skinner voy a pedirle a Peck que me traiga el jarrón
azul”.

El semi-pálido semblante de Skinner casi se sonrojó.

- “Bueno, notifica al jefe de la policía y al propietario del bazar
para que no nos cueste tanto”.

Cappy caminó hacia la ventana, mirando la calle pensativo
pero sonriendo todavía y añadió: “Tú convendrás conmigo Skinner,
que se me trae el jarrón azul valdrá 10 mil dólares al año como
gerente de Shangai”.

- Sin duda los valdrá, señor Ricks.

- Bueno, Skinner, haz los arreglos necesarios para que Peck
esté listo el domingo a la una, yo me encargaré de los demás
detalles.

El sábado de esa semana, el señor Skinner no se presentó en
su oficina, de su casa avisaron por teléfono que se hallaba
indispuesto. Su secretaria tenía instrucciones de avisarle a Peck que
el señor Skinner deseaba hablar con él ese día, pero que debido a
una indisposición repentina no podía verlo en la oficina, que
necesitaba conferenciar con él antes de que saliera nuevamente de
viaje el lunes, y que le agradecería que lo visitara en su casa el
domingo en la tarde a la una.

Peck contestó que con todo gusto iría a ver al señor Skinner a
la hora indicada.

A la una en punto del domingo se presentó en la casa del
administrador general, a quien halló en la cama, pero sin síntomas de
estar enfermo. Después de desearle su pronta recuperación,
entraron en discusión respecto a los nuevos clientes y a perspectivas
que el señor Skinner estaba deseoso de que Peck investigara.

En el curso de la conferencia, Ricks telefoneó. El señor Skinner
estuvo escuchando por varios minutos, luego Peck lo oyó decir: “Con
todo gusto complacería sus deseos, señor Ricks, si no fuera porque
estoy en cama y no podré salir hoy, pero el señor Peck está aquí y
con seguridad no tendrá inconveniente en eso que usted desea”.

- “Claro que no” interrumpió Peck….. y tomando el receptor se
apresuró a saludar al señor Ricks.

- Oye Peck….. –dijo el presidente- quisiera confiarte un
encargo, no puedo mandar a un muchacho, pero al mismo tiempo me
da pena darte esta molestia.

- No será molestia alguna, señor Ricks, mande lo que guste
que estoy a sus órdenes.

- Gracias, Peck, por tu buena voluntad. Se trata de esto,
andando yo en el centro a medio día, pasé frente a una tienda en la
calle Sutter, entre Stockton y Powell, y es ahí donde en un
escaparate vi un jarrón azul. Yo soy muy afecto a los jarrones de
ornato, Peck, y aunque éste no es nada extraordinario sucede que
una dama a quien le tengo una gran estimación tiene otro igual, y se
que nada le agradaría más como regalo de su aniversario
matrimonial que otro jarrón como ese para completar el par que
necesita para las dos rinconeras que tiene en su comedor. Yo tengo
que tomar el tren a las ocho de este noche para llegar a tiempo
mañana a Santa Bárbara, donde ella vive, y poder felicitarla
personalmente, así como entregarle el regalo y ese jarrón, Peck es lo
que quiero.

- Muy bien señor Ricks, comprendo que si aguardamos hasta
mañana lunes a que abran la tienda, no podrá llegar a tiempo a
Santa Bárbara, sino hasta el martes.

- Ese es precisamente el caso Peck, ojalá que lo hubiera visto
ayer para no tener que molestarte. Los siento mucho.

- No necesita usted darme explicaciones, ni disculpas, señor
Ricks. Sólo hágame el favor de describir el jarrón.

- Es un jarrón cloisonné, Peck, de un azul entre pálido y oscuro,
con figuras orientales de pájaros y flores. No te puedo decir con
exactitud el tamaño pero me parece que tiene como 30 cm de alto y
10 de diámetro en el centro y está montado sobre una base de
madera teca.

- Con eso basta, señor Ricks, yo le llevaré el jarrón.

- Gracias Peck, muchas gracias. Me harás entregármelo 5
minutos antes de las 8 en la sección del tren del pacífico, yo estaré a
bordo del tren en el coche dormitorio número 7 sección A.

- Convenido, señor Ricks.

- Oye Peck, el costo no será gran cosa. Tu podrás pagarlo y
mañana se lo cobras al cajero diciéndole que lo cargue a mi cuenta.
Ricks colgó el receptor.

Skinner reanudó la conferencia y Peck no salió de la casa
hasta las tres de la tarde, dirigiéndose enseguida a buscar el famoso
jarrón azul. Al llegar a la calle Sutter caminó por una acera, entre
Stockton y Powell, luego por la otra, y aunque se fijó con el mayor
cuidado en todos los escaparates y vitrinas que había, no pudo ver
ningún jarrón azul o de otro color ni tienda alguna donde vendieran
tal clase de artículos.

- “Sin duda que Cappy se equivocó en el nombre de la calle o
yo le entendí mal” –dijo Peck para sí mismo- “voy a hablarle por
teléfono para que me repita la dirección”.

Habló a la casa del señor Ricks, pero la criada le informó que el
señor había salido y no sabía ella a dónde había ido ni a que hora
volvería. Entonces Peck, regresó a la calle Sutter y la recorrió de
nuevo, por uno y otro lado, sin mejor resultado que la primera vez,
luego dobló hacia una de las calles que cruzaba, caminando dos
cuadras en una dirección y dos en otra, así continuó recorriendo
todas las calles del barrio sin vislumbrar en ninguna parte en
concebido jarrón azul. No por eso se dio por vencido, sino que
emprendió la pesquisa en otra zona comercial. Caminó calles y más
calles en todas las direcciones sin mejorar su suerte, y como último
recurso, se dirigió a una cuadra aislada de la calle Post –la única que
no había recorrido-  donde recordó que existían dos o tres pequeñas
tiendas. Al llegar a la última de ellas, notó de pronto en el escaparate
un jarrón azul que al parecer respondía a la descripción del que el
señor Ricks quería. Al examinarlo de cerca y convencerse de que
ese era en realidad el jarrón que buscaba, dio un profundo suspiro de
satisfacción.

Trató de abrir la puerta pero estaba cerrada con llave, como ya
lo suponía….. de todos modos, golpeó con fuerza por si acaso
hubiera alguien dentro que pudiera abrirle, pero sin resultado.

Entonces, levantando la vista, vio en la fachada un letrero que
decía “Browne’s Art Shop”. Sin pérdida de tiempo se dirigió al hotel
más cercano a buscar en un directorio telefónico el nombre del bazar
susodicho sin encontrarlo. En la guía, estaban escritas 19 personas
de apellido Browne, entonces pidió en la oficina del hotel un
directorio de los habitantes de la ciudad en el cual halló el nombre de
Browne como propietario de un bazar de objetos de arte situado n el
establecimiento donde había encontrado el jarrón azul, pero sin dar
la dirección de su residencia particular. Inmediatamente, cambió un
dólar por feria y dirigiéndose de nuevo al teléfono empezó a llamar a
cuantas personas de apellido Browne figuraban en la guía telefónica
de San Francisco, el resultado fue nulo.

Procedió a consultar las guías de varias poblaciones cercanas
donde suelen vivir muchas personas que trabajan o tienen sus
negocios en San Francisco, y continuó llamando a cuantos Browne
encontró. Al llamar al último sin mejor éxito, ya le corría el sudor por
el cuello.

Eran ya las 6, Peck volvió al bazar, y mirando nuevamente el
letrero, notó con gran sorpresa que el apellido del dueño no era
Browne sino Brown y eso hacía necesario que volviera al hotel a
buscar a todos los “Browns” que hubiera en la ciudad. Hizo cambiar
un billete de 20 dólares en monedas pequeñas de valores diversos,
se dirigió al teléfono y de nuevo empezó a llamar a cuantas personas
Brown había registradas en San Francisco y los suburbios.

Al cabo de quien sabe cuántas llamadas, dio con la residencia
del señor Brown que buscaba, pero tan sólo para que una sirvienta le
informara que este señor había ido a comer a la casa de un tal señor
Simón en la vecina población de Mill Valley. Tres personas de
apellido Simón aparecían como residentes de Mill Valley y Peck
llamó a los tres Simón que encontró en la guía, preguntando si el
señor Brown estaba allí. A la tercera llamada le dijeron que sí,
preguntándole quién era.

Peck dio su nombre, transcurrió un rato en silencio y luego oyó
esto: “El señor Brown dice que no conoce a ningún William Beck,
además está comiendo y no quiere que lo importunen a menos que
sea un asunto de suma importancia”.

- Dígale que se trata de algo importantísimo y que mi nombre
es William Peck, no Beck.

- ¿Deck?

- No!!!!..... ¡Peck!..... ¡Peck!..... ¡Peck!!!!!..... Llámelo y dígale
que su tienda se está incendiando.

Un momento después, el señor Brown hablaba sumamente
excitado:

- ¿Es usted el jefe de bomberos? Preguntó con voz
entrecortada.

- No señor Brown, su tienda no se está quemando, pero tuve
que decirle eso para hacerlo venir al teléfono. Usted no me conoce,
pero en el escaparate de su tienda, aquí en San Francisco, vi un
jarrón azul que quiero comprar urgentemente antes de las 7:45 le
ruego que inmediatamente se venga a abrir el bazar y me venda el
jarrón.

- ¡Qué demonios…..!!!! ¿Me está usted tomando el pelo o cree
que estoy loco?

- No señor Brown, nada de eso….. si alguien está loco, ese soy
yo….. estoy loco por el jarrón azul y como tengo que salir de la
ciudad a las 8:00, quiero llevármelo ahora mismo.

- ¿Sabe usted lo que vale ese jarrón?

- No, ni me importa….. yo lo quiero cueste lo que cueste.

- ¿Qué hora es?..... déjeme ver…..

Y después de un momento de silencio mientras veía el reloj
dijo:

- Es un cuarto para las siete y el próximo tren para San
Francisco no sale hasta las ocho, así es que no podré llegar allá
antes de las 8:50, además estoy cenando con unos amigos y apenas
he terminado la sopa.

- Señor Brown, a mi todo eso no me importa, ese jarrón azul
tengo que llevármelo hoy.

- Bien, si no puede usted aguardar, llame por teléfono al señor
Herman Joost, mi encargado, que vive en Clinton Apartament, el
número de su teléfono es 55-32-49; dígale de mi parte que valla
enseguida a abrir el bazar y le venda el jarrón. Adiós. (El señor
Brown colgó el teléfono).

Peck llamó inmediatamente al número que el señor Brown le
había dado y preguntó por el señor Hernan Joost. La mamá de este
caballero contestó, manifestando que sentía muchísimo que su hijo
no estuviera en casa, pues había ido a cenar al Country Club.

- ¿Cuál Country Club?

La buena señora no sabía, así es que Peck pidió en la oficina
del hotel una lista de todos los clubes de San Francisco y
alrededores y comenzó a llamar por teléfono.
Eran ya las 8:00 y aun no había dado con el tal señor Joost, en
ningún club lo conocían.

- “Estoy perdido –murmuró Peck- pero no pueden decir que no
perdí luchando, el único recurso que me queda es romper esa
vidriera con un ladrillo y echar a correr con el jarrón”

Acto seguido hizo llamar a un taxi, le dijo al chofer que lo
aguardara a la vuelta de la esquina y le pidió prestado un martillo.
Cuando llegó al bazar encontró un policía parado frente a la puerta;
en vista de eso, Peck continuó su camino sin detenerse, más
adelante cruzó al otro lado de la calle y se devolvió. Ya era de noche
y al pasar de nuevo frente al bazar, observó un letrero iluminado
sobre la puerta en que el apellido del propietario no decía Brown sino
Brocen.

Peck fue a donde el taxi lo esperaba y se devolvió al hotel.
Teniendo uno de esos espíritus que no aceptan la derrota fácilmente,
volvió a llamar por teléfono al domicilio del señor Joost y por primera
vez la suerte le favoreció: el señor Joost había regresado. Peck, con
voz ansiosa le informó lo que deseaba y de la orden que había dado
el señor Brown. El cauteloso Joost contestó que primero tendría que
hablar por teléfono con el señor Brown para cerciorarse de que era
cierto, agregando que si el señor Brown confirmaba su orden, él
estaría en el bazar antes de las 9.

Con la impaciencia que es de suponer, Peck lo aguardaba.
Finalmente a las 9:15 Joost se presentó acompañado de un policía, a
quien por precaución había pedido que lo acompañara; abrió la
puerta, encendió las luces, y con gran cuidado sacó del escaparate el
jarrón azul.

- ¿Cuánto vale? –preguntó Peck-

- 2000 dólares, contestó Joost….. tan fríamente como si
hubiera dicho 50 centavos.

Peck tuvo que reclinarse sobre el mostrador para no caer, -
2000 dólares!- exclamó en una voz y con semblante de
desesperación (tenía en el bolsillo 10 dólares solamente).

- ¿Acepta usted mi cheque señor Joost?

- Yo no lo conozco a usted señor Peck –respondió Joost-

- ¿Dónde está su teléfono?

Joost condujo a Peck al teléfono y éste llamó a la casa del
señor Skinner.

- Señor Skinner –balbuceó Peck- estoy en un terrible apuro y
casi exhausto, conseguí que abrieran el bazar, pero el jarrón azul
que tanto desea el señor Ricks cuesta 2000 dólares y yo entendí que
costaba una friolera.

- No me digas Peck, ¿has estado en busca del jarrón todo este
tiempo?

- Sí, y estoy propuesto a llevármelo….. hágame el favor de
enviar a alguien aquí, al bazar del señor Brown, en la calle Post
cerca de la Avenida Grand, con los 2000 dólares, porque yo ya no
tengo fuerzas para ir por ellos.

- Mi querido Peck –replicó el señor Skinner compasivamente-
no tengo aquí 2000 dólares….. esa es una cantidad demasiado
grande para llevarla en el bolsillo o guardarla en casa.

- Bueno, entonces tenga la bondad de venir al centro
inmediatamente, abrir la oficina y sacar el dinero de la caja fuerte.

- Eso no lo puedo hacer Peck, porque la caja fuerte tiene una
combinación que nadie puede abrir antes de cierta hora.

- Señor Skinner, hágame el favor de venir de todos modos para
que me identifique en alguna parte donde nos puedan aceptar mi
cheque personal.

- ¿Tienes suficientes fondos en el banco Peck? Esto, puso fin a
la conversación y pedimentos, y Peck llamó enseguida a la casa del
señor Ricks, sabiendo que ahí residía su yerno, el capitán Peasley.
Afortunadamente lo halló en casa, y Peasley lo escuchó con bastante
amabilidad:

- Peck, es casi increíble que te hayan asignado una misión
semejante, dijo el capitán Peasley.

- Sigue mi consejo y olvídate del jarrón azul.

- No puedo –replicó-….. el señor Ricks se sentiría muy
contrariado si no le entrego el jarrón, él se ha portado conmigo de
manera espléndida y considero un deber ineludible cumplir con este
deseo suyo.

- Pero ya es muy tarde Peck, para entregárselo, se fue en el
tren de las 8:00 y ya son las 9:30

- Lo sé, pero si puedo obtener el jarrón, yo se lo entrego antes
de que baje del tren en Santa Bárbara a las 6 de la mañana.

- ¿Cómo?

- Aquí en el aeropuerto tengo un amigo que con gusto me
llevará en su avión a Santa Bárbara.

- ¡Estás loco!

- Lo sé, pero por favor présteme 2000 dólares

- ¿Para qué?

- Para comprar el jarrón azul.

- Ahora ya no me cabe duda de que estás loco….. si el señor
Ricks supiera que estas dispuesto a pagar 2000 dólares por ese
jarrón, te mandaría al manicomio.

- Oiga señor Peasley….. ¿Me va a prestar los 2000 dólares o
no?

- No Peck, vete a tu casa a dormir y olvídate del jarrón azul…..

- ¡Por favor señor Peasley!..... A usted le pueden cambiar un
cheque porque lo conocen bien, y a mi no, además es domingo…..

- Bueno….. interrumpió Joost….. ¿Vamos a pasar aquí toda la
noche?

Peck, colgando el teléfono, lo miró con actitud de desafío y le
dijo: ¿Es usted conocedor de diamantes?

- Sí, contestó Joost.

- ¿Me aguardará aquí hasta que vaya al hotel para traer uno?

- Sí.

William Peck salió cojeando tan aprisa como pudo y veinte
minutos más tarde estaba de regreso con un anillo de platino que
tenía un hermoso brillante cercado de zafiros.

- Se lo dejo en prenda, Peck se apresuró a decir, déme un
recibo y cuando haya cobrado usted mi cheque vendré a buscar mi
anillo.

Quince minutos más tarde, con el jarrón azul cuidadosamente
empacado, Peck entraba a cenar a un restaurante. Al terminar pidió
que le llamaran a un taxi, y a toda velocidad se dirigió al aeropuerto.
Ahí se informó de la residencia de su amigo aviador, se comunicó
con él, y a media noche ambos y el jarrón azul se perdían en las
nubes rumbo al sur.

Hora y media más tarde en el valle de Salinas, cerca de la vía
del ferrocarril, Peck descendió y el aviador emprendió el vuelo de
regreso a San Francisco. Peck corrió hacia la vía férrea con un
periódico en la mano, y pocos momentos después, cuando vió que el
tren donde venía el Sr. Ricks se aproximaba, hizo del periódico una
antorcha y empezó a hacer señas con ella en medio de la vía. El tren
se detuvo, el conductor abrió la puerta de uno de los coches para
averiguar qué pasaba, y Peck se metió de un salto.

- ¿Quién diablos es usted?, preguntó el conductor.

- ¿Por qué hizo parar el tren?

- Porque tengo urgencia de ver a un pasajero que viene en la
sección A del coche # 7, yo le pago mi pasaje.

- ¡Ah!..... Es un señor de baja estatura, avanzada edad,
¿verdad?, antes de salir de San Francisco preguntó si no habían
visto a un individuo con un paquete bajo el brazo…..

- Sí, ese soy yo, aquí le traigo el paquete que no pude
entregarle a tiempo….. hágame el favor de llevarme a su sección.

Hubo que tocar el timbre varias veces para despertar a Cappy
Ricks, quien al fin abrió la puerta en pijamas.

- Soy William Peck señor Ricks, perdóneme que venga a
importunarle a esta hora, pero es que tropecé con tantas dificultades
para conseguir el jarrón azul que usted tanto quería, que no pude
llegar a tiempo a la estación. La dirección de la tienda no era la que
usted me dio, tuve que buscarla por todo San Francisco y llamar por
teléfono a todos los “Browns” y “Brownes” que hay ahí y en los
suburbios; además, fue imposible conseguir el domingo por la noche
los 2000 dólares que costaba el jarrón, pero aquí tiene usted, por que
le prometí entregárselo….. y lo que yo prometo lo cumplo.

Cappy Ricks miraba a Peck con los ojos azorados, como si le
creyera loco, Luego se echó a reír, lo hizo tomar asiento, y empezó a
referir que todas las dificultades con las que se tropezó habían sido
fraguadas intencionalmente, desde la dirección equivocada del bazar
hasta el precio del jarrón, pues en realidad sólo valía 10 dólares.

Al oír esto, Peck casi de desmayó, pero rehaciéndose,
prorrumpió en tono alterado y grave:

- Señor Ricks, yo estoy acostumbrado a obedecer órdenes sin
ambages, por necias que parezcan, a cumplir con los cometidos que
se me confíen, con puntualidad si es posible, y si no, tan pronto como
me sea posible. Desde muy joven me inculcaron lealtad para mis
superiores, pero ahora me duele realmente que mi estimado jefe
actual haya querido hacer de mi un payaso….. Burlarse de un fiel
servidor. Desde hoy en adelante puede usted mandar a Skinner o a
quien se le dé la gana a vender su abeto apestoso al cual tanto
trabajo me ha costado darle salida.

Cappy Ricks pasó cariñosamente la mano por la cabeza de
Peck, y le dijo:

- Mi querido Peck, bien sé que lo que hice fue cruel,
extremadamente cruel; pero tengo que confiarte un puesto de tal
importancia, que necesitaba ponerte antes a prueba para
cerciorarme de que podías desempeñarlo. Por eso te confié la tarea
más ardua que doy a personas que pienso destinar a cargos que
requieren hombres que nunca se dan por vencidos. Ahora te
comunico que en vez de haberme traído un jarrón que vale 2000
dólares, saldrás de este tren con un puesto que vale 10000 dólares al
año como gerente de nuestra oficina en Shangai.

La sorpresa de Peck al oír estas palabras no fue menor que la
que había recibido antes y el señor Ricks continuó:

- De 15 hombres a quienes he dado como prueba la búsqueda
del jarrón azul, tú eres el segundo que ha salido airoso.

- Gracias señor Ricks, y perdóneme lo que le dije. Haré de mi
parte todo lo posible para desempeñar mi cometido en Shangai a su
entera satisfacción.

- Eso bien lo sé Peck, pero dime: ¿No te viste a punto de
abandonar le empresa al tropezar con tantas dificultades casi
insaciable?

- Sí señor, me entraron deseos de suicidarme antes de haber
llamado por teléfono a cuantos “Browns” y “Brownes” hay en San
Francisco. Pero yo no acostumbro empezar una tarea y dejarla a
medias, especialmente desde que, estando enfermo una vez en el
hospital, ya habiendo perdido casi la esperanza de rehabilitarme, un
amigo fue a verme y me dijo: “William, tu no estás tan grave como
crees….. vas a vivir muchos años todavía” Yo le contesté que no lo
creía; entonces, mirándome con semblante serio agregó: “William
Peck, tu no eres de los que se dan por vencidos y, si te lo propones,
te recuperarás….. para principiar, sonríe”.

- Desde entonces, mi lema en todo lo que emprendo es:

¡LO HARÉ!